MOMIAS

 

Durante muchos siglos los egipcios habían enterrado a sus muertos en la arena del decierto, envueltos en colchonetas o pieles. Se producía el fenómeno de que en ese ambiente, los cuerpos perdían toda su humedad y las vacterias no podían descompónerlos. Se secaban, pero permanecían intactos. Al cabo del tiempo, los cadáveres salían a la superficie, lo que confirmaba las creencias de una segunda vida. En función de las nuevas necesidades de esa nueva existencia , las familias adineradas levantaron tumbas enormes, pero entonces los muertos, sin el contacto con la arena entraban en estado de putrefacción, lo que imposibilitaba el nuevo nacimiento. De haí surgió la momificación, un proceso tan costoso que sólo podían permitírselo los ricos.

Concistía en sacar los órganos internos y en vendar al difunto de pies a cabeza para restablecer su aspecto original. A partir de la XVII dinastía (hacia el 1550 a.C.) se empezó a extraer el cerebro; la operación se realizaba succionando a través de un agujero que se practicaba en la cabeza, o bien sacándolo por los orificios nasales; para que no quedace nada, se intraducía un disolvente que hacía fluir los restos al exterior.