Los Grandes Compositores:
Beethoven
La
genialidad y el
apasionamiento de la inspiración beethoveiana constituyen un hito en el ámbito
musical: 9 sinfonías, 32 sonatas para piano, 5 conciertos para piano y orquesta
y 17 cuartetos de cuerda forman parte del legado del gran maestro alemán.
Su formación continuó con Christian Gottlod Neefe, en el transcurso de cuyas
enseñanzas compuso sus primeras obras. En 1782 entró a formar parte de la
orquesta del arzobispo elector y sus dotes lo llevaron a ocupar el puesto de
segundo organista, como suplente de su maestro, Neefe, cargo en el que sería
confirmado en 1784. En 1787 viajó a Viena, gran núcleo de la música de la época,
para recibir clases de Wolfgang Amadeus Mozart, que quedó impresionado por la
capacidad de improvisación de Beethoven. Sin embargo, su estancia se vio
interrumpida por la muerte de la madre, lo que lo obligó a regresar
a Bonn.
Betthoven triunfó en Viena a partir de 1775 tras la interpretación de sus conciertos
para piano y orquesta
opus 15 y 19. Ante su genialidad, los autócratas se interesaron
por su obra. Así quedó bajo el mecenazgo del conde Ferdinand von
Waldstein, aunque otros nobles, como el príncipe
Lichnowsky, tambíén reclamarían se arte.
En 1801 estrenó
la
Primera sinfonía en do mayor y
su música adquirió
ya la distinción y carácter que la definen. En 1801, empezaron a
aparecer los primeros síntomas de sordera que lo afectaría hasta su muerte y
que durante los tres últimos años de su vida fue prácticamente total.
Al año siguiente fijó su residencia en Heilegenstadt y del contacto con la
naturaleza extrajo la tranquilidad necesaria para hallar la genial inspiración
de la sinfonía
en re mayor y
la tercera sinfonía en mi bemol
“Heroica”. Estas obras constituyen un paso definitivo en la evolución del
estilo creativo
del gran artista de Bonn.
En 1805 compuso la ópera fidelio
y un año
después la cuarta sinfonía en
si bemol. Su
genio que daba una vez más al descubierto. Durante su estancia en Heilegenstadt,
en 1808, nacieron asimismo la Quinta
sinfonía en do menor
y la sexta sinfonía en fa mayor
“Pastoral”,
símbolo transcedental de la afinidad del hombre por medio natural.
Creador inagotable, a lo largo de su vida compuso donatas para piano (entre la más
reconocidas “Appassionata” y el “Calro de Luna”) y cuartetos de cuerda,
cuyo seguimiento constituye un medio incomparable para captar la evolución del
afán creador Betthoveniano. El punto culminante de su carrera pública lo
constituyeron las fiestas celebradas en 1814 con ocasión del Congreso de Viena,
en las que presentó sus obras ante aristócratas de toda Europa. A raíz a un
aislamiento del que aún surgirían nuevas muestras de su genio. Así, la novena
sinfonía en re menor K “coral”
compuesta en 1823 y dedicada al rey Federico
Guillermo III de Rusia, fue una expresión mágica que convirtió a la
orquesta en encarnación de la majestuosidad musical.
Aunque entre lo más significativo de su creación
se cuenta el conjunto de las nueve sinfonías, compuso también aberturas
como el concierto en mi bemol “Emperador”(1809),
y misas como la missa solemnis
(1823).