FUNDACION INDIGENA DE QUITO
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Cuenta la leyenda que hace muchos, muchísimos años había un pueblo llamado Cochasquí.
Sus habitantes vieron cierta noche aparecer una estrella fugaz en el cielo. Austados, los indios corrieron a palacio y contaron al Rey lo sucedido. Además, le suplicaron salvarles de la desgracia que dicha estrella anunciaba.
El Rey, que también era sacerdote y brujo, les pidió tener calma y un poco de paciencia.
El lo arreglaría todo con los dioses. Para esto, cogió un vaso de chicha entre sus manos, dijop unas cuantas palabras mágicas y bebió hasta quedarse profundamente dormido.
Una vez despierto, el Rey contó a los cochasquíes lo que había soñado. Los dioses no están enojados con nosotros, les repitió una y otra vez. Pero nos ordenan dejar estas tierras e irnos a otro suelo más rico y hermoso. A fin de señalar ese lugar, lanzó un aerolito, valiéndose de una huaraca. En el sitio donde aquel cayera, allí debería fundar el nuevo pueblo.
Paso a paso fueron siguiendo el camino que recorrería el aerolito, hasta llegar a las faldas del volcán Pichincha. El aerolito estaba enterrado media vara en el suelo. Ese era el lugar escogido parta la fundación indígena de lo que ahora llamamos Ciudad de Quito. Llenos de contento comenzaron enseguida a construir sus chozas y a levantar templos a la luna y al Sol. Después cultivaron maíz, papas y mellocos para alimentarse a así vivir dichosos.