En  otros  tiempos  el  hombre  no  tenía  más  calor  que  el  enviado  por  el  sol,  porque  no  conocía  otra manera  de  calentarse. Entonces,  había  muchas  zonas  de  la  Tierra  donde  no  se  podía  vivir,  y  aun  en  los  lugares  donde  ello  era  posible  hacía, a  veces, demasiado  calor  de  día  y  en  verano, y demasiado frío de noche  y  en  invierno.  Ahora,  ha  aprendido  a  calentarse  lo  suficiente para vivir en casi todas partes. Por eso, puede vivir en parajes muy distintos, que serían inhabitables para cualquier otro ser viviente de cierto tamaño. La capacidad del hombre de poder generar calor para calentarse a sí mismo, fue uno de los pasos más importantes para hacer posible su expansión por todo el planeta Tierra.
El primer calor que hizo provino de un fuego abierto que ardía sobre la tierra, como ya se dijo en capítulos anteriores. Durante muchos siglos, ese fue el único tipo de calor que supo hacer; y sigue resultando una manera muy agradable de calentarse en ciertas ocasiones, como, por ejemplo, cuando se acampa a la intemperie, en una noche fresca. Pero, desde hace mucho tiempo, el hombre ha dejado de vivir al aire libre. Cuando vivía en cavernas, acostumbraba encender una gran hoguera en la entrada. Además de alejar a las fieras, el fuego proyectaba un poco de calor en el interior de la caverna, beneficiando a los que dormían. El problema era que no se podía encender el fuego dentro de la caverna porque el humo habría asfixiado a los ocupantes.

Cuando el hombre cambió las cavernas por las casas, no tuvo otro medio de calentarlas que encendiendo fuego en el interior. Pero... ¿que se podía hacer con él?Se arbitró la mejor solución posible: dejar un gran agujero en el techo o en la pared para  que saliera el humo. Luego, en el año 1100 dC. poco más o menos, se consiguió algo mejor. Ya no fue necesario elegir entre las habitaciones heladas y aquellas en que el humo del fuego resultaba asfixiante. Con una chimenea sobre el hogar, se podía estar bastante cómodo. Desde luego, hacía falta un fuego independiente en cada cuarto y costaba bastante mantenerlo ardiendo. Era, además, fácil que se incendiara la casa. Y, en el mejor de los casos, se perdía la mayor parte del calor logrado, porque más de sus tres cuartas partes escapaban por la chimenea.

Aún hoy, en las aldeas, la mayoría de las habitaciones se calientan con un hogar de chimenea. Esta es una manera muy alegre de caldear una habitación. Por eso, en las casas modernas, la chimenea constituye un hermoso detalle decorativo, que alegra el ambiente, haciéndolo más amable e íntimo. Hasta cuando se obtiene el calor del radiador de vapor, es grato contemplar el resplandor y las brasas del hogar de la chimenea, como debió agradar a los hombres de unas cuantas generaciones atrás. Sin embargo en una habitación hermética, se podía tener el calor suficiente para estar a gusto y también morir al poco tiempo por falta de oxígeno. Porque cada vez que una persona respira, toma un poco de oxígeno del aire y expele un poco de Dióxido de Carbono: y cuando esto ha durado mucho, ese aire envenena. Por consiguiente la única manera de seguir viviendo es cambiar continuamente el aire de la habitación, y la única manera de estar bien y sentirse vigoroso es cuidar de que cambie con rapidez. Porque no sólo los pulmones necesitan del aire puro; la piel lo necesita mucho más. En una habitación caldeada y llena de gente, ésta se mueve nerviosamente, porque el aire es seco y fétido. Y resulta agradable salir de tal ambiente, porque la piel, más aún que los pulmones, gusta del aire fresco, húmedo y en movimiento. En cualquier habitación de tres metros por cuatro, donde haya una sola persona, hay que cambiar el aire cada hora. Cuantas más personas haya allí, tanto más a menudo debe cambiarse el aire. En las salas públicas, donde se concentra mucha gente durante bastante tiempo, hay que emplear sistemas especiales para renovar el aire.

Por lo tanto, no basta con cerrar una habitación y con calentarla. Eso sería demasiado sencillo. Hay que dejarla más o menos abierta y, sin embargo, calentarla. Cada sistema de calefacción debe cuidar también de la ventilación. El hogar y la estufa lo hacen con facilidad. Envían mucho aire viciado por la chimenea, mientras el aire puro entra por las grietas existentes alrededor de las ventanas y las puertas. El sistema de aire caliente puede proporcionar aire fresco, si esta bien filtrado, pero no húmedo. Y el agua caliente y el vapor nada hacen para cambiar el aire. El de una habitación caldeada con vapor es a menudo muy fétido y muy seco..., mucho más seco que el que se respira en pleno desierto.  Desde luego, se puede lograr que el aire de las viviendas sea más sano y agradable con sólo dejar abierta una ventana. Pero un sistema moderno de calefacción puede hacer algo mucho mejor. Puede proporcionar ventilación, purificar el aire y agregarle humedad. Se llama a este tipo de calefacción aire acondicionado.
 
Pero  el  fuego  no  sólo  proporcionó  luz  y  calor  para  el  hombre,  también  permitió  preparar  de  forma  diferente   los  alimentos, con   el  fuego  la   carne  dura   se  volvía  tierna  y   los  vegetales   se  ablandaban. La alimentación  de   los  primeros  hombres  se  transformaba  y  el  arte  culinario   nacía  en  las  antes  frías cuevas que  habitaban   tus  antepasados.  Rápidamente,  el  hombre  descubrió   que  el  fuego  le  podía  ayudar  a  quehaceres   tan  importantes  como   la   fabricación  de  botes  y   armas, No  hubo  de  pasar  mucho  tiempo  para  que  el  hombre  descubriera   que  el  fuego  fundía   los  metales,  naciendo  así  una  actividad  que revolucionó  a  la  sociedad   humana.
Así fue como surgieron muchos ingenios mecánicos, entre los que se encuentra la máquina de vapor, que dio inicio a la revolución industrial. El dominio del fuego,  permitió que el hombre entendiera los complejos campos de la electricidad y el magnetismo, conocimiento que le posibilitó el desarrollo de muchos procesos industriales, destacando los metalúrgicos.

Un de los usos más impresionantesque el hombre le da al fuego es el espectáculo que nos ofrecen los fuegos artificiales. Vamos a ver como funcionan. Con el calentamiento, ciertas sustancias producen color, efecto que se aprovecha en la pirotécnica (arte de producir fuegos artificiales). Recordemos que el color de la Flama muchas veces depende de las sustancias que arden en ella. Así tenemos que un cohete se enciende por medio de una mecha conectada con un cartucho propulsor cuyo tamaño determina la altura hasta la que subirá dicho cohete. Mientras éste cartucho pirotécnico es quemado, también explota produciendo diversos efectos de luz y ruido, lo que en otras palabras es la esencia de la pirotecnia. Dos de las más populares figuras pirotécnicas, como son el "sol" y la "bomba de estrellas" se obtienen con cápsulas de papel montadas en discos que giran en el aire, y cápsulas de escamas de aluminio que arden en unos segundos,
respectivamente.
 
¿Pero  qué  le  da  el  brillo  tan  característico  a  los  fuegos  artificiales?  Bueno,  como  es  sabido,  muchas  clases  de fuegos  artificiales  contienen  pólvora; que se  usa  para  lanzarlos  y  que  además  proporciona  la luz brillante en su combustión. La luz brillante se debe a un metal finamente triturado que se llama magnesio y que es  mezclado con la pólvora para obtener la luz final que nos ofrecen los fuegos artificiales. Hay muchos datos  importantes  acerca del magnesio. ¿Sabias que este mismo metal se usaba en las lámparas de los fotógrafos? Cuando es puro, es de un gris plateado y mucho más liviano que los metales preciosos.
 No se le encuentra puro en la naturaleza porque se combina muy fácilmente con otros elementos  para formar muchos "compuestos", de los cuales la epsomita es, quizá, el más común. Hasta los trocitos o cintas de magnesio arderán rápidamente si se les enciende con un fósforo, pero si el metal se funde con otros, sobre todo el aluminio, da una aleación de gran resistencia y muy liviana, que es utilizada ampliamente en la fabricación de aviones, de máquinas cinematográficas y de muchas otras cosas en que se requiere poco peso.