
El fuego incontrolado es temible para el hombre. En las primitivas viviendas de otros tiempos y en las apiñadas casuchas de la viejas ciudades, un incendio solía tener efectos catastróficos; en 1666 un gran incendio destruyó tres cuartas partes de Londres, el fuego arrasó en cuatro días la ciudad. Unas trece mil casas quedaron destruidas y la única posibilidad de reducir el incendio fue derribar casas para formar contra fuegos entre los hacinados. El incendio en cierto modo, constituyó un saneamiento, ya que la reedificación se hizo de ladrillo, que es incombustible. Fue hasta el siglo XIX que se organizó el cuerpo de bomberos, entidad profesional dedicada desde entonces a la extinción de incendios.
Los incendios de bosques son los más difíciles de combatir. Para evitarlos, dado el gran valor de las pérdidas en un incendio de este tipo, se ha procedido a una continua vigilancia de los bosques, desde aviones y altas torres, sobre todo durante el verano. El incendio de un bosque, en terreno llano, es más fácil de dominar que en terreno accidentado, donde el fuego se propaga con mayor rapidez. En el incendio de un bosque se establecen cortafuegos ante el frente del incendio, en sentido perpendicular a la dirección del viento, eliminando del terreno incendiado toda vegetación combustible. El personal extintor monta la guardia en la parte exterior del cortafuego y ataca el incendio con mangueras de agua.
En los incendios de edificios a menudo es preciso salvar vidas humanas. Los bomberos disponen de escaleras de hasta 50 m. de altura para evacuar a las personas amenazadas por las Flamas. Con este fin, cuentan así mismo con lonas sobre las que personas en peligro pueden saltar sin riesgo. Si hay varias casas en F lamas, se procede primeramente a la extinción del incendio en forma indirecta: se intenta impedir su propagación lanzando agua sobre los inmuebles circundantes.
La alarma para incendios automática puede funcionar por diversos dispositivos sensibles que reaccionan ante el humo del fuego, la luz, o el calor. El detector de humo da la alarma cuando los gases del incendio penetran en su cámara de ionización. El detector de flamas tiene una foto célula que reacciona ante la luz infrarroja del fuego. El detector térmico esta constituido por dos varitas metálicas soldadas que se funden a los 70 oC y dan la señal de alarma. La alarma puede también disparar un dispositivo que, desde un tubo en el techo lanza agua a presión o ácido carbónico (HCO3).
Un incendio se combate suprimiendo cualquiera de las tres condiciones esenciales para que el fuego exista. Para ello puede impedirse el exceso de oxígeno, por ejemplo con ayuda de una manta; o echando agua sobre el origen del fuego para enfriarlo y así llevar su temperatura bajo el punto de ignición; o bien, retirando las sustancias combustibles.
Con el saneamiento y la modernización se ha logrado proteger, con mayor eficacia, contra los incendios los edificios de nuestras poblaciones. Existen dispositivos para evitar la propagación de un incendio entre las casas colindantes. Y, por otra parte, materiales de construcción como la piedra y el cemento ofrecen mayor resistencia al fuego, lo que facilita su extinción.
El peligro de un incendio existe permanentemente. Casi a diario se emplean en la industria nuevas sustancias inflamables y, con los combustibles como el gas y el petróleo, el incendio sobre viene a veces en forma explosiva. Como ya dije antes en la sección de combustión, una combustión explosiva se presenta cuando en un lapso muy breve de tiempo se quema una gran cantidad de combustible. Esto da como consecuencia natural, que las combustiones explosivas requieran una gran cantidad de oxígeno. Durante este tipo de combustión rápida se forman y se expanden por el calentamiento, una gran cantidad de gases que producen fuertes presiones, responsables de los efectos destructivos de las explosiones.