Tras Rómulo seguirá una dinastía de la vecina tierra Sabina. Los hombres que instauraron los primeros cimientos de la gran urbe.
Numa Pompilio
Continuador de Rómulo según la tradición. Rey religioso por excelencia, instaurador de la mayor parte de los cultos e instituciones sagradas. Se le supone también creador de un calendario basado en el curso de la luna, con la distinción de días fastos y nefastos. Se le atribuyen poderes mágicos (conjuros contra el rayo de Júpiter).
Tulio Hostilio
Segundo monarca, destructor de Alba Longa.
Anco Marcio
Nieto del rey Numa Pompilio. Pobló diversas zonas de la nueva ciudad de Roma. Hombre pacífico, tolerante, modelo de gestor y político cuyo trono fue arrebatado por Lucio Tarquinio Prisco.
Los tres Horacios
En el época del rey Tulio Hostilio, tres hermanos romanos se enfrentaron a los Curiacios albanos; dos de los Horacios fueron abatidos, el tercero hizo el engaño de escapar, matando a los Curiacios de Alba que le persiguieron. El romano vencedor fue aclamado por sus compañeros, pero su hermana lloró por la muerte de uno de los albanos, su prometido: el Horacio vencedor la atravesó con su espada. Fue castigado con la pena de muerte, aunque ésta fue finalmente conmutada por otra que le obligada a cuidar de su anciano padre.
Genéricamente los Tarquinios forman el linaje etrusco de la zona de Tarquinia que gobernó Roma desde el 650 hasta el 509. Suponen, en definitiva, el final del primer sistema político y el anticipo de la personalidad política independiente de los romanos.
Lucio Tarquinio Prisco
Su nombre auténtico era Lúculo. Su mujer, Tanaquil, le aconsejó que fuese a Roma para adquirir más prestigio y consideración social. Una vez en la ciudad latina un águila le arrebató el sombrero y después se lo devolvió, prodigio de buen agüero: Lúculo creyó que obtendría el trono de Roma.
Al morir Anco Marcio, Lúculo alejó a los hijos de éste y ocupó el cargo real.
Prisco fue el constructor de la Cloaca Máxima y del primer templo para Júpiter en el Capitolio. Murió por las heridas sufridas por unos pastores, contratados por los hijos de Anco.
Servio Tulio
Hijo de una reina-rehén de Prisco. Siendo niño recibió una señal misteriosa: una corona luminosa sobre su cabeza. Este hecho provocó un cambio en su vida pues todos le consideraron como un ser de especial relevancia futura. Prisco casó a su hija con Servio y, por tanto, el hijo de la rehén pudo optar al trono.
Tras el asesinato de Prisco, Servio se hizo cargo del gobierno de Roma, mostrándose como uno de los mejores políticos de su tiempo. Entre sus actuaciones más importantes destacan la creación de un sistema de defensa que llevaba vinculado un servicio militar casi obligatorio, la imposición de nuevos impuestos según posibilidades económicas y la creación de un censo con 193 centurias sociales.
Servio fue derrocado y asesinado tras las desmedidas acciones de una de sus hijas, Tulia, y el marido de ésta, Tarquinio, hijo de Prisco. El cuerpo de Servio fue despojado, humillado y pisoteado por el carro de Tarquinio.
Tarquinio "el soberbio"
Hijo de Prisco y último monarca de su dinastía . La crueldad que provocó su llegada al trono continuó durante su reinado, provocando numerosas guerras contra sus vecinos y asesinando a cuantos se oponían o criticaban su política (especialmente a quienes habían poyado a Servio Tulio). Su soberbia, su maldad, provocaron, tras los hechos de Lucrecia, la expulsión de su familia de Roma. Desde entonces la ciudad se rigió por un sistema republicano, de magistrados electos.
Libros Sibilinos
Procedentes de la Sibila de Cumas: la maga se los ofreció en venta al rey Tarquinio el Soberbio pero el monarca los encontró excesivamente caros. Tras cada negativa del rey la Sibila quemaba tres colecciones de ellos, hasta que, finalmente, Tarquinio los compró (sólo tres) y los depositó en el templo de Júpiter Capitolino.
Hasta la época de Augusto los libros ejercieron gran
influencia: se consultaban en casos de desgracias, tras
acontecimientos extraordinarios, contenían indicaciones para
los cultos, los sacrificios expiatorios necesarios, etc.