Roman Mayorga Rivas

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Venus Púdica

El agua en el estanque está dormida
y la coronan pétalos de rosa,
a la indecisa claridad hermosa
de una aurora trifunfal que vierte vida.

Se dejó para el baño prevenida,
límpida, y enflorada y olorosa,
y ya llega la niña pudorosa
al borde del estanque, desvestida.

Toca la linfa con el pie, y al frío
beso que siente, a echarse no se atreve;
mas al mirar en el boscaje umbrío

que el contempla un cazador aleve,
de pronto entrega al estancado río
su cuerpo viginal de rosa y nieve...


Islas del Gran Lago:

En el enorme lago -- el mar de Nicaragua --
veloz con el buen viento navega una piragua
que hace màs pequeñuela la inmensidad del agua.

El claro sol del día pone al aire radiante;
su luz cae en el lago cual lluvia de diamante
y se irisa y disuelve en la masa ondulante.

En el lindo horizonte de aquel hermosa día
la indígena piragua en ave parecía
que con vuelo anheloso a la playa venía.

El viento de las islas, que en la vasta llanura
del lago surgen mágicas, todas flor y verdura,
sopla sobre Granada su aliento de frescura.

Y en inmensas bandades, aves multicolores
en torno a las islas, como del aire flores,
vibrar hacen la atmósfera con más brillo y rumores.

Entre unas y otras islas forma el agua canales,
donde al llegar el viento con sus alas triunfantes,
las abate rendido en los mansos cristales.

En desmayo de sueño, sobre esa agua callada
de los isleños bordes cae la fruta dorada
del naranjo y del mano. La linda conturbada,
cual si le diera dolor y escalofrío,
en círculos se arruga, y exhala un murmurio
que se prolonga tremulo y sordo en el vacio.

De las islas en medio, con empuje galano,
las palmeras se yerguen; y de su fruto ufano,
tremola sus panachos el provido banano.

El la hermosa arboleda, fulge la pedreria
de los rayos del sol. En gran algarabía
aletean los pajaros entre el fulgor del dia

y asustada se escapa una ardilla que muerde
en la fruta de un árbol, cuando llega una verde
bandada de pericos que en el árbol se pierde;

en tanto que del aire en las ondas serenas
como sarte de rosas, violetas y azucenas
vuelan las garzas blancas, rosadas y morenas.

Las islas, cual chinampas, no flotan en el vago
vaivén de la onda pérfida; sólo sienten su halago
y les sirve de espejo el claro azul del lago.

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