Germinal
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El horno de abril reverbera,
y se oye zumbar: es el duende
que fuegos eróticos prende.
Después, la gentil Primavera
su espeso cabello prendido
con reglas coronas. El nido
renueva las notas del coro.
Rosal lugurioso se cubre
de rosas. De leche la ubre;
la espiga, mazorcas de oro.
Canicular
Pasa el Dios. Nuesto Padre el Nilo pasa...
Su lenta cauda de cristal desliza
como en felpa recóndita, y se irisa
con el pausado andar. En sol de brasa
cae sobre él torrencial: un sol que arrasa
y echa soplos de fiebre en cada brisa;
un sol que anega en sueño la sonrisa
de cada loto azul. El Dios se abrasa.
Y en esa hora de siesta, y a la vera
del vasto lecho de sopor del Nilo,
con las fauces abiertas, cual se fuera
dentada sierra en que relubra el filo,
inmóvil, cerca de una datilera,
bosteza bajo el sol un cocodrilo.