Daisy Zamora

Arrurrú para una muerta recién nacida

¿Cómo hubiera sido tu sonrisa?
¿Qué habrías aprendido a decir primero?
¡Tanta esperanza para nada!
Tuve que secar mis pechos que te esperaban.

Una fotografía apresurada
insinúa tu limpio perfil,
la breve boca.
Pero no puedo recordar cómo eras, cómo habrías sido.

Tan viva te sentí, dándote vueltas
protegida en mi vientre.
Ahora me despierto estremecida
en medio de la noche
-hueco el vientre-
y me aferro a un impreciso primer llanto
que escuché anestesiada
en el quirófano.


Mensaje urgente a mi madre

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.

¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!

Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarillentos, azahares marchitos
Ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.

Perdón, madre, por las impertinencias de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.

Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la traición
y el buen gusto.

Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.


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