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A su llegada, mis antepasados, los colonizadores originales de la
isla, fueron presentados con una isla de belleza. Había una cantera, que daría
todo el basalto que fuera nesesario para construir nuestras estatuas. La tierra era adecuada para apoyar
una pequeña variedad de cosechas, incluyendo ñames, taro, bananas, y papa dulce.
Las aguas rodeando la isla estaban llenas de marsopa, que era entonces una gran parte de nuestra dieta. Nosotros también comimos mariscos. El recurso más abundante la isla era el bosque tropical.Mi isla era como un paraíso inagotable para esos primeros residentes.
Mi gente dependía demasiado en la madera del bosque para todo. No estaban preocupados con la disminución de la población de árboles.
Antes que mucho tiempo pasara los árboles desaparecieron. Esta pérdida causó un efecto dominó
en el medioambiente de Rapa Nui. La falta de madera paró la producción de barcos.
Ya no podíamos pescar. Sin madera los isleños quemaban partos, cercas, y pedazos de caña de azúcar para cocinar y calentar. Todo esto destruyó la tierra. Demasiado pronto, la isla fue reducida a un terreno estéil y no había manera de escapar. Esto es lo que el explorador holandés, Jacob Roggeven, encontró cuando por primera vez vino a mi isla.
