Los
shuaras, conocidos anteriormente como jíbaros,
llamaban tunguru al volcán y tungurua o tungura
al infierno.
Con estos nombres, aquellos habitantes de la Amazonia,
reconocían al coloso nevado que, para ellos,
“poseía el infierno es sus entrañas”,
nos indica que desde tiempos inmemoriales el Tungurahua
ha tenido una intensa actividad.
Las
leyendas y los mitos prehistóricos le pintan
como un ser bravío, lleno de furia, que protagonizaba
enfrentamientos o amoríos con sus similares,
como lo hacen los seres humanos. En esas creencias,
el Cotopaxi y el Chimborazo, que están a un lado
y a otro del Tungurahua, aparecen como hombres, “Taita
Cotopaxi”, “Taita Chimborazo”, “Mama
Tungurahua”. En esas convicciones, que no han
desaparecido en la actualidad entre los nativos, se
encuentra regazos de lo que aconteció en el pretérito,
en lo referente a las erupciones de esta gran elevación.
Inclusive se habla del sacrificio de niños que
ofrecían los indios para aplacar su ira.
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"Los indios de
Píllaro, así como hasta hoy, los indios
de la provincia de León, creen que el "Taita
Cotopaxi" es casado con la "mamá
Tungurahua", y que en tiempos antiguos, hubo
una espantosa "Guerra de celos", entre los
dos volcanes".
"El Cotopaxi a escondidas del Tungurahua, había
contraído ilícitas nupcias con la joven
"Tionilsa" (el ilinisa menor cuyo nombre
propio es el de "Catsungunbi" ), así
como la Tungurahua, vivía en mal estado con
el altísimo Cillcay (el altar). El alto ilinisa
había ido a visitar a su amigo lejano. Entonces
la Tungurahua ardiendo en celos repentinamente atacó
a la Tionilsa, dándole tantos mosquetazos de
tal manera de dejarla para siempre fea como la vemos
ahora; al ver esa calamidad el "Cotopaxi"
redobló sus furores, el carahuirazo le dejó
en esqueleto y al Cillcay, le hundió y le mató".
"Esta leyenda es conforme la tradición
contada por los indios del Licanriobambeu del gran
cataclismo volcánico que acabó con el
hundimiento de Cillcay o altar y que duró muchas
semanas"
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