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COTOPAXI
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Historia Eruptiva del Volcán Cotopaxi
 

No se puede saber a ciencia cierta cuando se inició la actividad volcánica del volcán Cotopaxi, pero, en base a las aceptaciones anotadas y a las tradiciones, recogidas por cronistas e historiadores, se sabe que el Cotopaxi se hallaba ya en actividad cuando los españoles llegaron a estas tierras, en el siglo XVI. Mitos y leyendas, además, ratifican lo manifestado y una vez que los conquistadores arribaron a nuestras latitudes, quedó el testimonio de manera escrita.

Talvez el primer escrit de una erupción del Cotopaxi la hizo el Padre Juan de Velasco, que bastante conocía a Latacunga por haber permanecido en el claustro de los Jesuítas un significativo lapso de tiempo, dedica importantes páginas a las desventuras sufridas por la capital de la actual Provincia del Cotopaxi, debido precisamente a las erupciones de su volcán. Informa respecto a las erupciones del 15 de noviembre de 1.532 y a la que se produjo también en noviembre de1.533.

En el siglo XVII se creía que la actividad del Cotopaxi no había ocurrido, Dionisio de Alcedo y Herrera en su "Descripción de la Presidencia de Quito" habla de la erupción ocurrida en 1.698, de este siglo data además un cuadro de autor anónimo que pertenece a la Curia en el que aparece una panorámica de la mencionada ciudad, encontrándose en su parte superior izquierda el hermoso volcán, en plena actividad. De esta manera el pintor representó las erupciones del Cotopaxi con toda su magnificencia.

Del siglo XVIII provienen las mayores fuentes de las erupciones del gran Cotopaxi, en la "Historia del Reino de Quito en la América Meridional" el padre Juan de Velasco afirma: "Quiso entonces darse a conocer mucho más famoso y terrible. Dio principio con espantosos y continuados bramidos, y con arrojar pirámides de humo denso que se elevaban sobre las nubes, costumbre con que quedó hasta estos últimos tiempos. Las prolongadas lenguas de fuego, y los peñascos, encendidos, en todas las erupciones que ha hecho de agua, sólo comparables en inmensidad a las del mar".

Sobre las erupciones del 6 de julio de 1742, la de 1743 y la de la noche del 5 de noviembre de 1744 se afirma que el gran coloso no hizo daño particular con terremotos, pero sí con las torrentes de agua que bajaban desde el volcán causadas porque la nieve se derritió gracias a las grandes temperaturas provenientes del interior volcánico, que acabaron con muchas haciendas, ganados, molinos y algunas casas de los barrios del Asiento de Latacunga (ciudad que se encuentra a las faldas del volcán). Las cenizas, arena y menuda piedra, ocuparon muchos centenares de millas, en circunferencia, circunstancia observada siempre en todas sus erupciones.

Añade un historiador; "Bajando por aquel cauce, formó al pie un mar mediterráneo de muchas millas, profundísimo entre montañas y cordilleras. Desde aquí se dividió, rompiendo nuevos desagües, por tres partes distintas: una por el Norte, uniéndose al río Pedregal y siguiendo por el Guayllabamba y el Esmeraldas a desaguar al mar del Sur; otra por el Oriente, tirando por el Napo, cuyo primer origen es el mismo Cotopaxi, a desaguar al Marañón, muy abajo; y otra por el Sur, siguiendo el río Aláquez, San Felipe y Pastaza".

En 1744 se desbordó como de costumbre uno de los principales ríos que desembocan en el río Napo al oriente de la cordillera y a pesar de la enorme anchura que tiene este poderoso afluente del Amazonas este subió tan alto el nivel de sus aguas que a la media noche, seis horas después del comienzo de la erupción, el pueblo de Napo fue arrastrado con casi todos sus habitantes.

El 10 de febrero de 1746 existió otra erupción de la que el Padre Velasco anota que en esta también los mayores estragos fueron los causados por las inundaciones que se produjeron a causa de la erupción.

En lo que se refiere a la erupción del 10 de febrero del año 1766, la inundación causó menos estragos, porque no halló sino ruinas en el lugar y desiertos en sus antiguas campiñas y heredades, no cesaron hasta el fin del año sus bramidos y sus nuevas amenazas, con enormes lenguas de fuego, envueltas en densos y elevadísimos plumajes de humo.


 

La erupción del 4 de abril de 1768 ha sido catalogada como la más catastrófica de todas. Pues según datos obtenidos de esta, llegaron sus cenizas y parte de los estragos, por el Norte hasta Popayán y por el Poniente hasta la costa de Mar de Guayaquil.

El terremoto que causó aquel día (cosa que no sucedió en otras ocaciones) fue muy fuerte en la ciudad de Quito y en otras más distantes y tan grande la obscuridad y lobreguez, que a las nueve de la mañana se encendieron en Quito muchas luces por las casas y calles.

Salieron los soldados con faroles para guardar la ciudad, y apenas pudieron andar, porque sorprendidos aún los caballos, no querían dar un solo paso. Duró la obscuridad en Quito hasta la noche, en que aclarándose algún tanto la atmósfera fueron sobrecogidos todos de mayor espanto.

Continuándose los bramidos, sin interrupción, vieron desde tanta distancia elevarse sobre las nubes, las centellas que arrojaba el volcán. Salían de él, unos tras de otro los diluvios de piedras encendidas, como bombas disparadas por un cañón, las cuales daban al aire estallidos horrendos y caían con tanta continuación, que quedaron iluminados tos montes y los valles.

Este efecto, observado a tanta distancia, da a ver bien cuál sería en las partes más cercanas, especialmente de Latacunga y cuál la inmensidad de aguas que se asegura incomparablemente mayor que todas las pasadas.

De la erupción de 1768 se relata que tras esta, el valle de Latacunga (llanura antiguamente tan fructífera) quedó desamparada de bosques, los campos presentaron las características de desierto y tierra baldía. Toda la Provincia de León que antiguamente según se dice fue la más rica y fértil de todas quedó hundida bajo diversos sedimentos de escoria, piedra pómez, ripio volcánico y ceniza volcánica con que el Cotopaxi la fue cubriendo hasta 1768.

Lo sucedido en 1877, fue una erupción muy parecida a la de 1768. En diciembre de 1.876 el Cotopaxi comenzó a preparar una nueva erupción, la cual coincidió en todos los puntos esenciales con la del año 1768. Ya el día anterior, 25 de junio de 1.877, se elevó el pino de vapor y ceniza a 8000-9000 metros aunque sin ocasionar un estancamiento notable de los ríos. En la madrugada de trágico 26 de junio el volcán estaba casi inactivo.

Repentinamente a las 6 y media irrumpió del cráter una altísima columna de humo y cenizas que cubrió una buena parte del país de completa obscuridad, tanto que en Quito a las 4 de la tarde no se podía ver la mano puesta ante los ojos, como en Guayaquil y a lo largo de toda la Costa Sur hasta Túmbez en donde se oyó un fuerte fuego de cañón. Entre las 9 de la mañana y la una de la tarde en toda la Provincia de Cuenca se hizo escuchar todavía más fuerte el fragor lejano "como fuego de fusilería y de cañones alternativamente". En seguida y con un ruido que pudo oírse hasta Latacunga, descendió desde todos los sectores del monte el río de lodo de condición exactamente igual a la del año de 1768.

Fueron terribles las destrucciones que causó en los tres valles principales, y por desgracia ahí perdieron la vida varios cientos de personas.
Se podría resumir todo lo dicho anteriormente en pocas palabras: después de la llegada de los españoles al Ecuador descansó el Cotopaxi más de doscientos años, hasta que el 15 de junio de 1742 despertó de repente de su letargo con una fuerza extraordinaria, y fue durante 26 años el terror y azote de los distritos de Latacunga y Quito.

En esta triste época comenzó la devastación y el empobrecimiento de la actual Latacunga, que en tiempos anteriores había sido una de las más hermosas y fértiles.

Se ha cree que las erupciones del Cotopaxi finalizaron en 1.906, luego de las de 1.885, 1.903 y 1.905. Sí ha habido otras manifestaciones eruptivas como la de 1.911 que permitió captar fotografías (en donde se lo contempla coronado de un alto hongo de humo y gases).

Fuente: Instituto Geofísico de la Escuela politecnica Nacional

 


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